jueves, 19 de diciembre de 2013

Sueño


Ayer soñé con un mundo donde la gente vagaba dormida; la gente no veía, no sentía, no miraba, no escuchaba, no vivía. La gente se perdía, en el inmenso día de las horas y el trabajo, el ocio y el descontento, entre ellos no se escuchaban y la monotonía era la amargura más espesa de las casas. La vi y comprendí su sonrisa falsa, sus máscaras y sus palabras escondidas, miré su rostro que parecía alegre, pero en su mirada se perdían las respuestas que buscaba ansiosamente, le conocí y le tuve paciencia, puesto que estaba perdida en el mundo sordo.

El mundo sordo absorbía gente, signos vitales desaparecidos. ¿Que cuáles pregunta usted? mirada asombrada, piel enchinada, gusto fino y absorbente, oído activo y atrayente.  Desde que la vi esa primera vez, supe que era diferente, tuve la pequeña idea que podía salvarla, recuperarla; la atraje a mis brazos le pregunté de ideas y en la charla había claves... me miró tan despierta, enérgica y amante. La historia fue tan larga y corta a su vez, ella despertó, vivió, resonó, iluminó y volvió a nacer. Y yo allí quedé, cerca de su corazón, hundido y aturdido.

Ayer soñé con un mundo donde los corazones tenían miedo, se escondían porque habían decidido vendar sus ojos para ser salvados. Buscaban las caricias sin quererlas, porque no sabían de placer de amor, porque huían del temer. Ayer soñé con un mundo donde los hombres éramos amantes agrios y las mujeres temerosas, habían dejado de lado la ternura para volar en capricho. Ella me lo enseñó, ella me hizo verlo; yo le di mis sonrisas y ella su apatía, fue un buen acuerdo pues sé que ella ahora es más completa y yo, a la vez, más completo todavía, pues sin lecciones no hay vida y sin vida, no hay leyes.
Cerré mis ojos y ella desapareció, había despertado y el mundo estaba mucho mejor, sentí tristeza por todo lo que dejó, pero el mundo de acá se ve mucho mejor. Aún la recuerdo, cuánto me gustaría que ella pudiera conocer este lado, compartir a su lado las mañanas de emoción, con la música al lado, los cielos repletos de luz y sonidos constantes de virtud. En verdad que me gustaría poderla tener a mi lado en estas comidas, para tocar su piel de pies a cabeza, rodearla de pasión, con fuerza y calma, seguir aprendiendo y viviendo, llenos de gratitud. Traerla aquí y vivir la felicidad plenamente, que la conozca y la disfrute como  yo lo hago en esta orilla de mar viviente, que venga y advierta que hay otro mundo paralelo, que brinca constantemente, tan sólo al alcance de una sola... decisión.

De: Melina González

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